DESPUES DEL
CANCER...
¿COMO APRENDER
A VIVIR
DE NUEVO?
El cáncer es una enfermedad terrible
que, afortunadamente, cada día
es más controlada por la MEDICINA.
Por ello, son muchos los pacientes que hoy
“sobreviven” a estas tumoraciones
malignas... ¡aunque pocos son capaces de
reanudar una vida más o menos normal una vez
que la enfermedad se halla en remisión!
Para estos “sobrevivientes” eseste artículo.
¡Sí, hay VIDA DESPUES DEL CANCER... sólo hay que aprender a disfrutarla plenamente!
Por la Doctora Andrea Lorié

El sólo hecho de seguir viviendo... de poder respirar el aire puro de la mañana impregnado de la fragancia de las flores... de ser capaz de disfrutar del canto de las aves y verlas volar... hacen que se vayan olvidando paulatinamente las experiencias negativas de esta terrible enfermedad. Para quien logra controlar el cáncer es preciso pensar en el futuro, en lo maravilloso que es poder repetir cada mañana, al levantarse, una frase tan sencilla y que significa tanto como “hoy me siento bien”... Y en ese proceso de recuperación mental que sigue a la remisión del cáncer puede contar con una guía excelente, alguien que ha conocido de primera mano lo terrible que es esta enfermedad, y que hoy disfruta de un proceso de autosuperación y optimismo que ella califica como “haber aprendido a vivir de nuevo”. Se trata de la Wendy Schlessel Harpham, “sobreviviente” (éste es el término que ella invariablemente emplea para describirse a sí misma y a todos los que han logrado controlar el cáncer) de una de las manifestaciones cancerosas más aplastantes que existen: la llamada enfermedad de Hodgkins (el desarrollo de tumoraciones malignas en los tejidos lináticos), “a la cual tuve que aprender a combatir... ¡y vencer!... por-que no estaba dispuesta a morir”.
EL PRIMER PASO PARA
VENCER EL CANCER: ¡ENFRENTARSE A
LA ENFERMEDAD... DECIDIDAMENTE!
Apenas comenzó a detectar los primeros síntomas de la enfermedad (percibió el aumento en el tamaño de los nódulos linfáticos en el cuello y las axilas), Wendy Schlessel Harpham comprendió que se hallaba ante una situación grave; no podía llamarse a engaño porque era Doctora en Medicina, y era consciente de que si la enfermedad aún se encontraba en las primeras fases de su desarrollo, podía ser controlada mediante la terapia radiactiva. De lo contrario, si había avanzado más, al punto de afectar cualquier órgano del cuerpo, entonces tendría que someterse a la quimioterapia, y quizás a tratamientos simultáneos de quimioterapia y radiación. Sin embargo, la Doctora Harpham hoy confiesa que hasta que no se vio entre las mismas garras de un cáncer difícil de vencer, no supo comprender a fondo lo que significaba tener la vida en un hilo y enfrentarse cara a cara con la muerte; comprender que, para continuar viviendo, era preciso defenderse centímetro a centímetro de una enfermedad que irremisiblemente es fatal para la persona afectada en el término promedio de cinco años, apro-ximadamente.
ANTE EL CANCER, LOS
SACRIFICIOS SON INELUDIBLES...
Es natural que cuando una persona se enfrenta cara a cara con el diagnóstico de que ha desarrollado una tumoración cancerosa en al-guna parte de su cuerpo, se sienta desorientada, aunque consciente de que debe tomar una serie de medidas inminentes para comenzar a luchar contra un enemigo poderoso que ha atacado subrepticiamente.
En el caso de la Doctora Harpham, el primer gran sacrificio al que ella debió enfrentarse fue el renunciar temporalmente a su carrera como médica, con la que había soñado desde que tenía 13 años de edad. Ello significaba decirle adiós a un consultorio privado que tenía en Dallas (Texas, Estados Unidos) cuando se hallaba precisamente en un momento culminante en su vida: hacía poco que había cumplido sus 36 años, tenía un esposo con el cual era inmensamente feliz, y tres niños pequeños cuyas edades eran 2, 4 y 6 años. “¡Un verdadero mundo de ilusiones maravillosas que, de repente, amenazaba con desplomarse a mi alrededor!”, lo describe ella.
Pero renunciar a mucho de lo que disfrutaba en esos momentos era la única alternativa si realmente deseaba presentar batalla a la enfermedad que había invadido su cuerpo. Así, durante siete meses de verdadera pesadilla, esta valerosa mujer fue tratada con poderosas sus-tancias químicas de gran contenido tóxico, “que convertían cada día de mi existencia en una experiencia francamente miserable”, como ella la describe. “Pero no por ello renunciaba a mi derecho de luchar contra el cáncer para mantener la vida”, explica. Y para alejar, aunque fuera en momentos, la tragedia que la envolvía como un manto tenebroso, empezó a escribir un folleto en el que fue recopilando todo lo que el enfermo de Hodgkins debe saber (y hacer) desde el instante en que se le diagnostica la enfermedad.
En aquellos momentos de incertidumbre ella pensaba que, si lo-graba rehacer su vida después del tratamiento intensivo al que estaba sometida, utilizaría el folleto para ayudar a sus propios pacientes a enfrentarse a una enfermedad tan aterradora como el cáncer. Sin embargo, como había logrado describir en el folleto sus propias experiencias, con palabras que nacían de una experiencia viva y sangrante, consideró publicarlo en forma de libro.
Su relato era tan veraz, tan conmovedor y, sobre todo, tan esclarecedor de lo que el cáncer realmente significa para la persona que está afectada por él, que pronto el libro se convirtió en un éxito de librería en los Estados Unidos, lanzando repentinamente a la Doctora Harpham en una nueva carrera como escritora, aunque aún ni sus propios médicos podían determinar cuál sería el resultado del tra-tamiento al que había sido sometida. El bestseller se tituló Diagnóstico: Cáncer, y en el mismo su autora no sólo preparaba al paciente de cáncer para hacerle frente al aplastante diagnóstico de padecer de una tumoración maligna, sino que ofrecía sus propias consideraciones para luchar contra la enfermedad, y no dejarse vencer por ella.
“No hay duda de que escuchar las palabras del médico, cuando titubeante revela a su paciente que el diagnóstico es cáncer, es una experiencia agobiante... traumatizante, y aterradora”, explica la Doctora Harpham. “Pero en ese mismo instante es preciso hacer acopio de todas nuestras fuerzas, y decidir que no vamos a ayudar a la enfermedad en su proceso destructivo, permitiendo que paralice en nosotros toda acción efectiva para vencerla... Esa fue mi reacción instantánea ante el diagnóstico de mi médico, y pienso que mi decisión de luchar contra el cáncer, hasta vencerlo, ha sido la más firme y positiva que he podido tomar en toda mi vida”.
¡LA PRIMERA REMISION DEL
CANCER SIGNIFICA HABER GANADO LA PRIMERA BATALLA CONTRA LA ENFERMEDAD!

¿PUEDE VOLVER A SER
FELIZ LA PERSONA QUE HAYA
CONTROLADO EL CANCER?
La respuesta de la Doctora Harpham es rápida cuando alguien le pregunta si se puede volver a ser feliz después de que la enfermedad se encuentra en remisión: “No... no siempre. Es evidente que ninguna víctima del cáncer, aunque haya sobrevivido la experiencia, puede hablar de haber conquistado una nueva felicidad; el temor de que el cáncer vuelva a atacar siempre está presente, como una espada de Damocles sobre la que no se tiene control alguno. De lo que sí puede hablar es de su nuevo modo de vivir en el presente, que después de todo es lo único que tenemos porque... ¿quién nos garantiza el futuro?”. También el paciente que sobrevive a un primer embate de una enfermedad como el cáncer puede examinar detenidamente las numerosas experiencias obtenidas durante la larga y penosa lucha por evadir la muerte. “Podría decirse que el cáncer deja un mensaje en todas sus víctimas cuando logran vencerlo, un mensaje que les sirve como nuevos anteojos para ver y apreciar mejor lo que sucede en torno suyo... por qué sucede, y por qué debemos ser un poco más benévolos y comprensivos con nuestros semejantes, para vivir en mayor equilibrio y armonía”.
Muchas personas que sufren de cáncer, cuando se recuperan, quedan lisiados emocionalmente por los terribles efectos de haber vivido por un tiempo más o menos largo bajo la amenaza constante de muerte que implica la enfermedad. Además, han debido soportar los penosos y agobiantes efectos de los tratamientos a los que han debido someterse para salvar la vida. Sin embargo, a pesar del peso abrumador de todas estas experiencias negativas, es preciso comenzar a olvidar y a disfrutar el presente... y el primer paso en este proceso de recuperación espiritual es aceptar el sufrimiento, asimilarlo, y superarlo finalmente. Según la Doctora Harpham, “cuando se trata de evadir el dolor emocional causado por la experiencia traumática de padecer de cáncer, es posible que ese propósito sea logrado... pero sólo inicialmente, ya que más tarde o más temprano, el trauma emocional que no ha sido canalizado adecuadamente, se convertirá en un obstáculo que obstruirá la marcha del sobreviviente hacia el futuro”.
El consuelo que ofrecen las personas allegadas al paciente de cáncer no siempre llega a tocar las emociones de las víctimas. Hay casos en los que personas de buena voluntad (inclusive familiares cercanos de los enfermos), en su afán por consolarlos, repiten frases banales cuyo efecto es absolutamente nulo. Aquello de que “perdiste un seno, pero al menos salvaste la vida” no es un consuelo aceptable para una víctima que se ha tenido que someter a una operación radical de los senos, cualquiera que sea su edad. La mastectomía representa una mutilación, la pérdida de uno de los atributos que caracterizan la feminidad... ¡y todo consuelo en este sentido es inútil! “Es decir, no hay un menos mal en estos casos... Lo que la víctima siente es una amargura ciega, y una rebeldía terrible contra el destino o la suerte”, asegura la Doctora Harpham. “Por ello, lamentar... inclusive llorar por los estragos que la enfermedad ha causado... es esencial en el proceso de superación emocional de la etapa crítica que se ha vivido. Por ello, todo sobreviviente del cáncer debe buscar momentos de privacidad absoluta, en los que a solas consigo mismo pueda descargar en lágrimas la congoja que su enfermedad ha provocado. Esto es esencial para lograr la máxima recuperación emocional que está al alcance de todo sobreviviente cuando finalmente acepta que la enfermedad sí ha causado estragos, lamentables... pero que ahora hay que superarlos para que la recuperación pueda ser efectiva. Y, desde luego, otra parte esencial en ese proceso de recuperación y aceptación es la ayuda que los amigos y familiares de la víctima del cáncer puedan prestarle”. Según esta autora formidable, “la persona que sobrevive en la batalla contra el cáncer, no puede permitirse el lujo del orgullo; necesita ayuda, y tiene que buscarla... ¡y ––sobre todo–– aceptarla!”.


