DESPUES DEL

CANCER...

¿COMO APRENDER

A VIVIR

DE NUEVO?


El cáncer es una enfermedad terrible

que, afortunadamente, cada día

es más controlada por la MEDICINA.

Por ello, son muchos los pacientes que hoy

“sobreviven” a estas tumoraciones

malignas... ¡aunque pocos son capaces de

reanudar una vida más o menos normal una vez

que la enfermedad se halla en remisión!

Para estos “sobrevivientes” eseste artículo.

¡Sí, hay VIDA DESPUES DEL CANCER... sólo hay que aprender a disfrutarla plenamente!



Por la Doctora Andrea Lorié

    

Si usted ha pasado por la amarga y angustiosa experiencia de sufrir de cáncer... si ha tenido que sufrir las largas jornadas de lucha contra esta devastadora enfermedad, tratando de conservar la vida con la menor pérdida posible de sus facultades, es evidente que usted tiene todo el derecho del mundo a descubrir nuevamente la alegría de vivir y de haber vencido a un enemigo monstruoso, contra el cual seguramente ha librado una batalla muy difícil.

    El sólo hecho de seguir viviendo... de poder respirar el aire puro de la mañana impregnado de la fragancia de las flores... de ser capaz de disfrutar del canto de las aves y verlas volar... hacen que se vayan olvidando paulatinamente las experiencias negativas de esta terrible enfermedad. Para quien logra controlar el cáncer es preciso pensar en el futuro, en lo maravilloso que es poder repetir cada mañana, al levantarse, una frase tan sencilla y que significa tanto como “hoy me siento bien”... Y en ese proceso de recuperación mental que sigue a la remisión del cáncer puede contar con una guía excelente, alguien que ha conocido de primera mano lo terrible que es esta enfermedad, y que hoy disfruta de un proceso de autosuperación y optimismo que ella califica como “haber aprendido a vivir de nuevo”. Se trata de la Wendy Schlessel Harpham, “sobreviviente” (éste es el término que ella invariablemente emplea para describirse a sí misma y a todos los que han logrado controlar el cáncer) de una de las manifestaciones cancerosas más aplastantes que existen: la llamada enfermedad de Hodgkins (el desarrollo de tumoraciones malignas en los tejidos lináticos), “a la cual tuve que aprender a combatir... ¡y vencer!... por-que no estaba dispuesta a morir”.

    



EL PRIMER PASO PARA

VENCER EL CANCER: ¡ENFRENTARSE A

LA ENFERMEDAD... DECIDIDAMENTE!


Apenas comenzó a detectar los primeros síntomas de la enfermedad (percibió el aumento en el tamaño de los nódulos linfáticos en el cuello y las axilas), Wendy Schlessel Harpham comprendió que se hallaba ante una situación grave; no podía llamarse a engaño porque era Doctora en Medicina, y era consciente de que si la enfermedad aún se encontraba en las primeras fases de su desarrollo, podía ser controlada mediante la terapia radiactiva. De lo contrario, si había avanzado más, al punto de afectar cualquier órgano del cuerpo, entonces tendría que someterse a la quimioterapia, y quizás a tratamientos simultáneos de quimioterapia y radiación. Sin embargo, la Doctora  Harpham hoy confiesa que hasta que no se vio entre las mismas garras de un cáncer difícil de vencer, no supo comprender a fondo lo que significaba tener la vida en un hilo y enfrentarse cara a cara con la muerte;  comprender que, para continuar viviendo, era preciso defenderse centímetro a centímetro de una enfermedad que irremisiblemente es fatal para la persona afectada en el término promedio  de cinco años, apro-ximadamente.



ANTE EL CANCER, LOS

SACRIFICIOS SON INELUDIBLES...

    

Es natural que cuando una persona se enfrenta cara a cara con el diagnóstico de que ha desarrollado una tumoración cancerosa en al-guna parte de su cuerpo, se sienta desorientada, aunque consciente de que debe tomar una serie de medidas inminentes para comenzar a luchar contra un enemigo poderoso que ha atacado subrepticiamente.

    En el caso de la Doctora Harpham, el primer gran sacrificio al que ella debió enfrentarse fue el renunciar temporalmente a su carrera como médica, con la que había soñado desde que tenía 13 años de edad. Ello significaba decirle adiós a un consultorio privado que tenía en Dallas (Texas, Estados Unidos) cuando se hallaba precisamente en un momento culminante en su vida: hacía poco que había cumplido sus 36 años, tenía un esposo con el cual era inmensamente feliz, y tres niños pequeños cuyas edades eran 2, 4 y 6 años. “¡Un verdadero mundo de ilusiones maravillosas que, de repente, amenazaba con desplomarse a mi alrededor!”, lo describe ella.

   Pero renunciar a mucho de lo que disfrutaba en esos momentos era la única alternativa si realmente deseaba presentar batalla a la enfermedad que había invadido su cuerpo. Así, durante siete meses de verdadera pesadilla, esta valerosa mujer fue tratada con poderosas sus-tancias químicas de gran contenido tóxico, “que convertían cada día de mi existencia en una experiencia francamente miserable”, como ella la describe. “Pero no por ello renunciaba a mi derecho de luchar contra el cáncer para mantener la vida”, explica. Y para alejar, aunque fuera en momentos, la tragedia que la envolvía como un manto tenebroso, empezó a escribir un folleto en el que fue recopilando  todo lo que el enfermo de Hodgkins debe saber (y hacer) desde el instante en que se le diagnostica la  enfermedad.

   En aquellos momentos de incertidumbre ella pensaba que, si lo-graba rehacer su vida después del tratamiento intensivo al que estaba sometida, utilizaría el folleto para ayudar a sus propios pacientes a enfrentarse a una enfermedad tan aterradora como el cáncer. Sin embargo, como había logrado describir en el folleto sus propias experiencias, con palabras que nacían de una experiencia viva y sangrante, consideró publicarlo en forma de libro.

    Su relato era tan veraz, tan conmovedor y, sobre todo, tan esclarecedor de lo que el cáncer realmente significa para la persona que está afectada por él, que pronto el libro se convirtió en un éxito de librería en los Estados Unidos, lanzando repentinamente a la Doctora Harpham en una nueva carrera como escritora, aunque aún ni sus propios médicos podían determinar cuál sería el resultado del tra-tamiento al que había sido sometida. El bestseller se tituló Diagnóstico: Cáncer, y en el mismo su autora no sólo preparaba al paciente de cáncer para hacerle frente al aplastante diagnóstico de padecer de una tumoración maligna, sino que ofrecía sus propias consideraciones para luchar contra la enfermedad, y no dejarse vencer por ella.

    “No hay duda de que escuchar las palabras del médico, cuando titubeante revela a su paciente que el diagnóstico es cáncer, es una experiencia agobiante... traumatizante, y aterradora”, explica la Doctora Harpham. “Pero en ese mismo instante es preciso hacer acopio de todas nuestras fuerzas, y decidir que no vamos a ayudar a la enfermedad en su proceso destructivo, permitiendo que paralice en nosotros toda acción efectiva para vencerla... Esa fue mi reacción instantánea ante el diagnóstico de mi médico, y pienso que mi decisión de luchar contra el cáncer, hasta vencerlo, ha sido la más firme y positiva que he podido tomar en toda mi vida”.



¡LA PRIMERA REMISION DEL

CANCER SIGNIFICA HABER GANADO LA PRIMERA BATALLA CONTRA LA ENFERMEDAD!


Para la persona afectada por el cáncer, cualquier mejoría es una verdadera esperanza de que el tratamiento al cual está sometida está re-sultando efectivo. Si se presenta un estado de remisión, no hay
duda de que ha ganado la primera batalla contra la enfermedad. En el caso de la Doctora Harpham, ya estaba disfrutando su primera remisión de la enfermedad de Hodgkins cuando ––esti-mulada por el éxito de su primer libro, y por los miles de cartas que recibía diariamente de pacientes como ella, afectados por el cáncer o sobrevivientes de la enfermedad–– decidió enfrascarse en la redacción de su segundo libro: Después del cáncer: Una guía para su nueva vida. En este nuevo bestseller, la autora explica ––en términos sencillos, al alcance de todos sus lectores–– los efectos a largo plazo de sufrir de cáncer, así como de los tratamientos a los que debe someterse el paciente para tratar de controlar la enfermedad. Pero también la Doctora Harpham ofrece sus recomendaciones sobre “cómo comenzar a vivir de nuevo”, una vez que el cáncer ha hecho su remisión... un proceso muy difícil para la persona que ha estado sometida a un trauma de esta naturaleza. “En este sentido, es impres-cindible que el paciente acepte que no puede regresar al estilo de vida que llevaba antes del diagnóstico de la enfermedad”, explica la Doc-tora Harpham. “Es preciso hacer muchos ajustes, y sí... ¡hay que aprender a vivir de nuevo!... Las emociones varían de un día a otro, la constitución física nunca volverá a ser la misma de antes, y la vida espiritual se enriquece notablemente como el resultado de haber podido ver la muerte desde muy cerca”.



¿PUEDE VOLVER A SER

FELIZ LA PERSONA QUE HAYA

CONTROLADO EL CANCER?

    

La respuesta de la Doctora Harpham es rápida cuando alguien le pregunta si se puede volver a ser feliz después de que la enfermedad se encuentra en remisión: “No... no siempre. Es evidente que ninguna víctima del cáncer, aunque haya sobrevivido la experiencia, puede hablar de haber conquistado una nueva felicidad; el temor de que el cáncer vuelva a atacar siempre está presente, como una espada de Damocles sobre la que no se tiene control alguno. De lo que sí puede hablar es de su nuevo modo de vivir en el presente, que después de todo es lo único que tenemos porque... ¿quién nos garantiza el futuro?”. También el paciente que sobrevive a un primer embate de una enfermedad como el cáncer puede examinar detenidamente las numerosas experiencias obtenidas durante la larga y penosa lucha por evadir la muerte. “Podría decirse que el cáncer deja un mensaje en todas sus víctimas cuando logran vencerlo, un mensaje que les sirve como nuevos anteojos para ver y apreciar mejor lo que sucede en torno suyo... por qué sucede, y por qué debemos ser un poco más benévolos y comprensivos con nuestros semejantes, para vivir en mayor equilibrio y armonía”.

   Muchas personas que sufren de cáncer, cuando se recuperan, quedan lisiados emocionalmente por los terribles efectos de haber vivido por un tiempo más o menos largo bajo la amenaza constante de muerte que implica la enfermedad. Además, han debido soportar los penosos y agobiantes efectos de los tratamientos a los que han debido someterse para salvar la vida. Sin embargo, a pesar del peso abrumador de todas estas experiencias negativas, es preciso comenzar a olvidar y a disfrutar el presente... y el primer paso en este proceso de recuperación espiritual es aceptar el sufrimiento, asimilarlo, y superarlo finalmente. Según la Doctora Harpham, “cuando se trata de evadir el dolor emocional causado por la experiencia traumática de padecer de cáncer, es posible que ese propósito sea logrado... pero sólo inicialmente, ya que más tarde o más temprano, el trauma emocional que no ha sido canalizado adecuadamente, se convertirá en un obstáculo que obstruirá la marcha del sobreviviente hacia el futuro”.

   El consuelo que ofrecen las personas allegadas al paciente de cáncer no siempre llega a tocar las emociones de las víctimas. Hay casos en los que personas de buena voluntad (inclusive familiares cercanos de los enfermos), en su afán por consolarlos, repiten frases banales cuyo efecto es absolutamente nulo. Aquello de que “perdiste un seno, pero al menos salvaste la vida” no es un consuelo aceptable para una víctima que se ha tenido que someter a una operación radical de los senos, cualquiera que sea su edad. La mastectomía representa una mutilación, la pérdida de uno de los atributos que caracterizan la feminidad... ¡y todo consuelo en este sentido es inútil! “Es decir, no hay un menos mal en estos casos... Lo que la víctima siente es una amargura ciega, y una rebeldía terrible contra el destino o la suerte”, asegura la Doctora Harpham. “Por ello, lamentar... inclusive llorar por los estragos que la enfermedad ha causado... es esencial en el proceso de superación emocional de la etapa crítica que se ha vivido. Por ello, todo sobreviviente del cáncer debe buscar momentos de privacidad absoluta, en los que a solas consigo mismo pueda descargar en lágrimas la congoja que su enfermedad ha provocado. Esto es esencial para lograr la máxima recuperación emocional que está al alcance de todo sobreviviente cuando finalmente acepta que la enfermedad sí ha causado estragos, lamentables... pero que ahora hay que superarlos para que la recuperación pueda ser efectiva. Y, desde luego, otra parte esencial en ese proceso de recuperación y aceptación es la ayuda que los amigos y familiares de la víctima del cáncer puedan prestarle”. Según esta autora formidable, “la persona que sobrevive en la batalla contra el cáncer, no puede permitirse el lujo del orgullo; necesita ayuda, y tiene que buscarla... ¡y  ––sobre todo–– aceptarla!”.




 

EL TEMOR A QUE

EL CANCER SE

ACTIVE DE NUEVO,

SIEMPRE ESTA PRESENTE...

    

Decir que una víctima del cáncer no siente temor ante una recurrencia de la enfermedad, es mentir o tratar de engañarse con respecto a la realidad. ¡Claro que el paciente teme a la posibilidad de que el cáncer se reactive! La persona que se ha visto afectada por el cáncer siempre se siente vulnerable. Según la Doctora Harpham, “esto es perfectamente normal; es más, el miedo a que la enfermedad ataque de nuevo es mayor que el que la persona sana pueda haber sentido antes de recibir el diagnóstico de que su cuerpo está desarrollando una tumoración maligna”. Precisamente para neutralizar todos estos temores es que la persona que ha padecido de cáncer debe tratar de darle el mayor significado posible a su vida... enriquecerla por todos los medios a su alcance. Esto no sólo se logra con viajes y distracciones de diferente tipo, sino involucrándose en actividades que realmente proporcionen satisfacción plena. Además, es preciso desarrollar nuevos conceptos con respecto a la vida en sí, y comprender que si bien hay imponderables que no están bajo nuestro control, es mucho lo que podemos hacer para desarrollar una actitud positiva ante el futuro... inclusive ante la posibilidad de un aspecto tan negativo como puede ser el tener que luchar de nuevo contra la enfermedad, y hasta la misma muerte.




COMPRENDIENDO

LA FATIGA

DE QUIENES SOBREVIVEN

AL CANCER...

    

La persona afectada por el cáncer, y sometida a tratamiento, ha tenido que desarrollar una lucha larga y cruenta, la cual ha consumido una gran parte de sus energías y reservas. A eso se debe que en la convalescencia (y aun durante bastante tiempo después de pasada ésta) el sobreviviente se sienta enormemente fatigado. No sólo se trata de una fatiga física únicamente, sino mental, emocional, espiritual. Es evidente que al sentirse de esta manera, el paciente debe reconsiderar sus actividades habituales. También no tiene otra alternativa que aceptar la idea de que muchas de aquéllas que realizaba normalmente antes de que la enfermedad se hubiera manifestado, ya no son posibles... Es más, tal vez nunca más vuelvan a ser posibles. Esto, desde luego, lo obliga a buscar nuevos caminos, a explorar nuevas ideas, y a desarrollar nuevas ilusiones. Por ello, una de las cosas que debe aprender cuanto antes es a racionar sus energías, porque no puede esperar que siempre le alcanzarán para hacer  aquello que quiere realizar; las fuerzas de antes no estarán presentes en el momento en que se necesiten. Y aun en los casos en que que puede intentarlo, tendrá que aceptar ayuda (si la necesita) y acostumbrarse a actuar con un ritmo mucho más lento al que estaba acostumbrado, e inclusive a detenerse a cada rato para tomar un respiro y cargarse nuevamente de energías para concluir la tarea emprendida.

De acuerdo con las experiencias de la Doctora Harpham, “tal vez la lección más importante que se puede aprender durante esta etapa de la vida, después de haber sobrevivido a una enfermedad tan debilitante como es el cáncer, es la de reconocer cuáles son nuestras propias limitaciones... y aceptarlas como naturales, porque es imposible regresar atrás y ser como éramos antes de que la condición atacara”.



PARA “VIVIR”

DESPUES DEL CANCER, ES PRECISO ALENTAR EL OPTIMISMO

Y RECHAZAR

LAS IDEAS NEGATIVAS

    

El pesimismo y el fatalismo son emociones terriblemente negativas que afectan la salud en general del ser humano porque debilitan el sistema inmunológico del organismo y hace que la persona quede vulnerable a ser atacada por distintas enfermedades. En cambio, mantener en alto el optimismo es un medicamento eficaz, y su influencia en el proceso de recuperación del enfermo ha sido comprobado ya por medios científicos.

     La Doctora Harpham no se dejó embargar por la actitud fatalista de aceptar su enfermedad, sino que decidió luchar contra ella con gran optimismo, además de que tomó la decisión de ayudar a otros que se pudieran hallar en su mismo caso, para orientarlos a enfrentarse a una enfermedad tan terrible y desconcertante como es el cáncer. No obstante, es fácil que la persona que ha padecido de cáncer se deje envolver por el pesimismo, especialmente si se mantiene inactivo. Por ello, la Doctora Harpham aconseja en sus libros que el sobreviviente del cáncer siempre tenga una meta ante sí, por pequeña que la misma pueda ser.

     Asimismo, es importante que antes de emprender algo nuevo y difícil, defina qué premio se dará a sí mismo una vez que  logre hacer lo que se propone. “Puede parecer un concepto infantil, pero es sumamente importante para la persona que se ha recuperado de una tormenta tan fuerte como es el cáncer”, dice la Doctora Harpham. “Asignarse  un premio... cualquiera que éste pueda ser... es fundamental  para la persona que ha sobrevivido al cáncer... para ayudarse a superar la limitación de sus fuerzas y el racionamiento de sus energías;  ¡y para no dejarse vencer por la fatiga!”.

   



¿EXISTE LA

VIDA SEXUAL

PARA LA PERSONA

QUE HA VENCIDO

AL CANCER?


Obviamente. Si bien la prioridad máxima de la persona afectada por el cáncer es vencerlo para continuar viviendo, el reanudar su vida sexual es una segunda prioridad, presente en una inmensa mayoría de los sobrevivientes de la enfermedad. Como lograr la remisión del cáncer depende directamente de la rapidez con que se pueda llegar al diagnóstico, y al tratamiento al que sea sometido el paciente, los oncólogos defienden primeramente la vida de la persona... pero seguidamente se preocupan de proporcionarle las vías para alcanzar el mejor estilo de vida posible, una vez que la tempestad ha pasado. En ese estilo de vida, desde luego, la  sexualidad un factor de primer orden, y por ello los especialistas se preocupan por restaurarla en todo lo posible, y en el menor plazo de tiempo.

     No hay duda de que el cáncer provoca efectos negativos sobre la vida sexual de la persona afectada. Muchos pacientes, una vez que logran  controlar la enfermedad, dan por terminada su vida sexual. Esto se debe a varios factores, entre los cuales se encuentran ––principalmente–– el miedo a que la condición se reactive, así como el desconocimiento de factores importantes relacionados con esta enfermedad sobre la que existen tantos mitos. Por no estar debidamente informados sobre el proceso que provocó el desarrollo de la tumoración cancerosa, ni sobre los tratamientos a los que ha sido sometido, muchos pacientes de cáncer temen al desgaste de energía que representa el llevar una vida sexual activa, y por ello  prefieren prescindir de toda actividad sexual. Al actuar de este modo es evidente que ignoran que la energía que se pueda canalizar en el acto sexual no tiene nada que ver con el desarrollo de las células malignas. Pero, al mismo tiempo, sus parejas con frecuencia temen que la entrega sexual afecte sus propias células sanas,  trasmitiéndoles el cáncer (como si se tratara de una enfermedad contagiosa). Todos esos conceptos, desde luego,  son falsos y pueden ser vencidos con explicaciones claras y minuciosas de los especialistas encargados del caso.




¿COMO REACCIONAN LOS

SOBREVIVIENTES

DEL CANCER

ANTE LAS “PERDIDAS IRREMEDIABLES”?

    

Pero hay otros aspectos negativos en los sobrevivientes del cáncer que no pueden vencerse con palabras. Por ejemplo, en determinadas situaciones los pacientes quedan estériles como consecuencia de los tratamientos radiactivos o de otro tipo a los que fue necesario someterlos para destruir las células cancerosas. Esta pérdida de la fertilidad, por una falsa asociación de ideas, se les antoja entonces como una pérdida de sus facultades sexuales, la cual provoca la impotencia en el hombre, y la frigidez en la mujer. Por supuesto que se trata de un concepto falso, pero para aclararlo  es preciso un tratamiento sicológico que incluya ejercicios para demostrar que el paciente no ha perdido su capacidad de disfrutar el acto sexual.

     De acuerdo con las estadísticas, en la actualidad hay millones de personas que necesitan ayuda para curarse de las deficiencias sexuales causadas por el cáncer, su tratamiento, o ambos factores. Sin embargo, para devolverles a esos pacientes sobrevivientes del cáncer la plenitud de su vida sexual no se requiere demasiado tiempo ni esfuerzo. Por ejemplo, con la información debida la persona llega a aceptar el hecho de que puedan quedar estériles con el tratamiento radiactivo del cáncer, conscientes de que esa esterilidad no va a afectar su capacidad de alcanzar el clímax en sus relaciones sexuales (muchos hombres aun hoy asocian los términos esterilidad e impotencia indebidamente; de la misma forma, un determinado número de mujeres consideran que si quedan estériles, también son frígidas). Pero hasta en el caso de la impotencia que es causada por determinados tipos de tumoraciones malignas (como el cáncer de la próstata, por ejemplo), los  especialistas han desarrollado toda una serie de tratamientos físicos y sicológicos que ayudan tanto a las víctimas del cáncer como a sus parejas a disfrutar nuevamente de su intimidad sexual.




 

CUANDO EL CANCER AFECTA

EL ASPECTO FISICO DEL PACIENTE...

    

En determina-das situaciones, el desarrollo de un tumor cance-roso en el indi-viduo requiere que el mismo sea sometido a la cirugía para eliminar los teji-dos afectados, y en ocasiones los procedimientos quirúrgicos deben ser radicales (por ejemplo, extirpar radicalmente el seno de una mujer afectada por el cáncer maario), lo cual modifica su apariencia física... y en muchos casos afecta negativamente al otro miembro de la pareja, enfriando su in-terés sexual.

    En el caso de la mujer, estos efectos de la cirugía pueden provocar en ella un verdadero complejo de inferioridad, al saber que ha perdido atributos que tradicionalmente son íntimamente relacionados con la atracción sexual. Estas mujeres llegan a sentirse como si fuesen desechos humanos, incapaces de volver a inspirar deseo sexual. Naturalmente, al considerarse a sí mismas en una forma tan negativa, trasmiten a sus compañeros de intimidad sus propios estados de ánimo y los enfrían antes de que puedan recobrar la actividad sexual interrumpida. Otras pérdidas físicas (como la caída del cabello, que es causada por la quimioterapia), puede demorar el restablecimiento de las relaciones sexuales debido a una actitud  igual-mente negativa por parte de la mujer.

     Sin embargo, es importante tomar en consideración que estos problemas afectan también a los hombres, interrumpiendo sus funciones sexuales, y un caso significativo se presenta cuando una operación radical del intestino (debida al cáncer colorectal) los obliga a llevar un ano artificial por el que puedan expulsar sus heces fecales. Por último, después de una cirugía radical seguida por tratamientos intensos a base de radiaciones o quimioterapia, queda una especie de fatiga en el paciente, la cual persiste durante un largo plazo de tiempo, robándole a los sobrevivientes del cáncer su deseo sexual.


 

¿COMO SE PUEDEN DISMINUIR

LOS PROBLEMAS SEXUALES

EN LOS PACIENTES QUE

“SOBREVIVEN” AL CANCER...?


Son varias las recomendaciones que los especialistas ofrecen al respecto. Obsérvelas...


*En primer lugar, es imprescindible que el paciente hable ampliamente con el especialista y el cirujano sobre sus posibilidades sexuales después de haber sido sometido a una operación o un tratamiento para controlar el cáncer. De ese modo, si desea tener hijos a pesar de la inminente esterilidad que le causará el tratamiento al que se va a someter, el hombre podrá confiar a una institución apropiada para el caso (un banco de esperma) el almacenamiento adecuado de su semen para que los óvulos de su compañera puedan ser fertilizados eventualmente por su propio semen, y tener hijos de ella a pesar de su esterilidad. La mujer, a su vez, podrá almacenar en instituciones similares sus óvulos para que los mismos sean fertilizados por su hombre e implantados nuevamente en el útero de otra mujer que se preste para ser una madre substituta.

*La impotencia del hombre hoy puede ser vencida por medio de inyecciones de papaverina o mediante el implante de una especie de bomba de succión que atrae la sangre al pene. También el hombre impotente puede recurrir a un implante penil, el cual  se infla para producir la erección.

*Hay métodos especiales de estimulación sexual para hombres que la necesitan.

*La resequedad que se produce en la mujer debido a los trastornos hormonales ocasionados por las radiaciones o la quimioterapia puede ser superada por medio de la lubricación artificial.

*El estrechamiento del cuello de la vagina puede contrarrestarse con dilataciones que se aplican varias veces a la semana. También es importante considerar que la frecuencia de las relaciones sexuales después del tratamiento del cáncer ayuda igualmente a dilatar normalmente el cuello de la vagina.

*La pérdida o disminución del deseo sexual puede combatirse con la hormona testosterona, la cual puede ser administrada a hombres y mujeres por igual.


Desde luego, después de un tratamiento intensivo para controlar el desarrollo de una tumoración cancerosa, es lógico que la autoestimación de la persona afectada se vea disminuida, y que este estado mental afecte igualmente sus funciones sexuales. En estos casos:


*La ayuda sicológica profesional puede ser muy efectiva, así como las recomendaciones lógicas que la Doctora Harpham ofrece en sus dos bestsellers, y en las conferencias que dicta periódicamente. Estos tratamientos sicológicos ayudan a que los sobrevivientes del cáncer mejoren la imagen que tienen de sí mismos (y desarrolladas como consecuencia del hecho de haberse visto tan próximos a una muerte inminente), que sin duda los inhibieron sexualmente.

*Asimismo, en esta labor sicológica se emplean técnicas que ayudan al establecimiento de una comunicación abierta entre los miembros de las parejas afectadas, las cuales con frecuencia son reunidas por los terapeutas en grupos afines para que puedan intercambiar las experiencias vividas como consecuencia de haberse visto atacados por el cáncer, así como considerar los recursos que han empleado con éxito para reanudar unas rela-ciones sexuales que sean nuevamente placenteras y satisfactorias para ambos miembros de la pareja.

*Todas estas técnicas demuestran que lo peor que puede hacer una pareja en la que uno (o ambos miembros) han logrado sobrevivir al ataque del cáncer es huirle al problema y encerrarse en el mutismo provocado por la depresión y el pesimismo. Está probado que la falta de comunicación es una barrera que obstaculiza y entorpece el restablecimiento de las relaciones sexuales entre los sobrevivientes del cáncer y sus compañeros de sexo.